La
sintaxis imagen – texto en el cartel polaco
El texto y la imagen entablan relaciones
diferentes en un espacio objetual, como el cartel, según el principio
compositivo que asigna modalidades particulares a la información y expresión en
la construcción de un discurso comunicativo, que lleva al conocimiento del
público una información a la vez que plantea la semántica del universo
representado y significado.


En la tradición del cartel polaco
información y expresión se juntan en el mismo sistema de representación –
significación, por lo cual el texto se vuelve imagen tipográfica, a la vez que
comunica verbalmente. Como imagen, participa en la construcción global
compositiva del afiche, y en la semántica del mismo. La sintaxis se organiza en
función de las divisiones del espacio de la imagen global, sin separar el espacio del texto ( imagen
tipográfica ) del espacio de imagen icónica. Hay una interacción sustantiva ( semántica y
sintáctica ) entre el componente tipográfico de la imagen y el componente
icónico. En consecuencia, participan por igual en los efectos conceptuales del
cartel. Algunos ejemplos:
Para conocer el trasfondo de este
planteamiento compositivo, con efectos semánticos y pragmáticos, sería bueno
saber algo de su historia. Con este propósito, propongo estas líneas del arquitecto
Paul Bittencourt, Director del Museo María I. Olarreaga Gallino, r Salto.
“Polonia se formó en el cruce de las
culturas este-oeste, del arte bizantino y de las vanguardias y de esa
conjunción el arte popular del cartel polaco –Plakat Polski– tomó la atmósfera
de ambigüedad y misterio, de los íconos los fuertes contornos, lo plano de las
formas y el carácter profundamente simbólico y de las vanguardias el
tratamiento de la luz y el color.
El cartel en Polonia se manifestó siempre
como exponente de la libertad creadora, podemos hablar de la “Escuela Polaca
del Cartel” creada por artistas plásticos llenos de fantasía y soltura.
Los artistas han logrado en ellos, todo lo
que constituye la esencia del arte popular: la feria de la aldea, las imágenes
de madera, el recorte de papel, la pintura sobre vidrio.
El grueso contorno separa las líneas
delicadas de las superficies cromáticas y recostado en ellas encontramos
motivos ornamentales característicos.
En los carteles para teatro, cine o los
referidos al circo, se emplea la tradición vanguardista del fotomontaje y de
los valores plásticos decorativos, a lo que se suma un cálido sentido del humor
y la estilización del niño. La más simple definición: “un grito en la pared”.
En 1968 en Wilanów, cerca de Varsovia, se
creó el primer Museo del Cartel en el mundo, en un edificio de muy lograda
arquitectura contemporánea, perfectamente adaptada a la función
museístico-educativa.
El afiche polaco comienza a recibir
atención en la década de los años 50 con la obra de Tadeusz Trepkowski. Se
trataba de un diseño de imagen mínima con texto frugal (tomado del racionalismo
suizo y la vanguardia europea) que expresaba la reciente tragedia de la guerra
(Varsovia quedó destruída después de la masacre del bombardeo nazi). El famoso
NIE! de Trepkowski (1953) con la imagen de la ruina citadina dentro de la
bomba, hizo historia.
Sin embargo el padre del afiche polaco es
Henryk Tomaszewski quien se hizo cargo del departamento de diseño de la
Academia de Artes Visuales de Varsovia, después de la prematura muerte del
primero. Muere Stalin y la política del entonces secretario del partido,
Wladyslaw Gomulka, es de apertura y estímulo a la creación (siempre que se
acomode a los cánones de censura estipulados). Los afichistas polacos crearon
para el cine y el teatro e hicieron diseño para libros, revistas, etc.
Tomaszewski quien fuera instrumental para en la creación de la Bienal de Afiche
de Varsovia en 1964, cierra el capítulo obsesivo del horror de la guerra con un
nuevo optimismo humorístico que es a la vez obtuso y naif. Su más cercana
influencia es el diseñador Jerzy Flisak (“El dorado”, 1973) quien produjo
alguno de los afiches más memorables de la época del naciente cine polaco de
principios de los años 60. – Revista Polonia
Bajo el nombre de “Plakat Polski” se exhibe
una colección del reconocido arte del afiche polaco, en la expresión de
artistas contemporáneos. Si bien el afiche moderno apareció hacia mediados del
siglo XIX en Francia, resulta ineludible la trascendencia posterior del
afichismo polaco. Valiéndose de todas las corrientes estéticas, Polonia, a
través de sus carteles, fue como una suerte de difusor de distintas tendencias
y movimientos artísticos, siendo reconocido internacionalmente a partir de la
segunda posguerra. El fenómeno del afiche polaco, comenzó siendo el reflejo de
lo que pasaba en la historia de Polonia, agitada por guerras e invasiones. Poco
a poco, el mundo del afiche comenzó as regirse por sus propias reglas, creando
un diálogo poético entre el afiche y el espectador, hasta lograr genuinas obras
de arte, que marcaron la consolidación de la llamada Escuela Polaca.
A mediados de la década del sesenta la
ciudad de Varsovia organizó la Primera Bienal Internacional del Afiche. Para
afianzar la tradición, hacia fines de la misma década, Polonia inauguró el
primer Museo del Afiche. Del predominio de los afiches que referían a obras de
teatro, se fue extendiendo la comunicación de veladas de ballet, conciertos,
ópera e incluso cinematografía. Se haga uso de la metáfora, o de la broma,
siempre se respeta la armonía con el espíritu y la idea principal del evento
cultural que se quiere difundir. Los afiches que se exponen dan cuenta de
nuestro mundo de hoy, no sólo por las cuestiones que anuncian, denuncian,
advierten o recomiendan, sino también por las herramientas gráficas y visuales
que utilizan.”
Tadeusz Trepkowski:
Henryk Tomaszewski:
Jerzy Flisak:
Para observar el uso de las divisiones del
espacio podrían analizarse los siguientes afiches polacos:
Mihaela Radulescu /21 de octubre 2013