Cada autor reconstruye a
través de sus obras la visión del mundo que lo caracteriza. Su punto de vista
es parte de la creación, aunque se realice a nivel de intencionalidad (vocación
implícita de representación de la realidad) o a nivel de intención ( vocación explícita de representación
). Como proyecto o como huellas de la personalidad de uno, la creación se
genera en torno al proyecto de diálogo entre el enunciador ( el que asume el
rol de creación de la construcción
de sentido ) y el enunciatario ( el que asume el rol de la recepción y la
interpretación de la misma). Este diálogo se vuelve más complejo al tratarse de
la ilustración de un texto, donde el ilustrador es en una primera instancia
enunciatario y en la siguiente enunciador. Observemos por ejemplo el caso del
álbum ilustrado “ La condesa sangrienta “.


'La Condesa
Sangrienta' es una obra de Alejandra
Pizarnik ( de 1971) e ilustrada por Santiago Caruso ( argentinos los dos) .
Es inspirada en Erzébet Báthory, la aristócrata
húngara que torturó y asesinó a 650 jóvenes, antes de morir en 1614. Lo hizo para usar su sangre,
obsesionada con la preservación de su propia juventud y belleza. Pizarnik inicia su obra con citas de
Sade, Artaud o Sartre y desarrolla un texto secuencial basado en una visión
simbólica, poética y macabra de esta historia verdadera. Caruso, autor también
de las novelas gráficas 'El horror
de Dunwich' y 'Don Quixote', la representa en una estética gótica, centrada en
el dominio de la muerte sobre los personajes de la historia y sus acciones. El
lector / observador se encuentra con la expresión de este diálogo, porque en el
álbum ilustrado el texto y la imagen
colaboran, para una representación que se alimenta por igual de los dos
recursos, para imponer su perspectiva simbólica, donde la muerte es el
horizonte en el cual se desarrolla una especie de danza ritual en que todos los
personajes quedan atrapados. En nuestro mismo acto de interpretación se activan
referencias extendidas a la historia misma, al vampirismo, a la estética
gótica, al simbolismo de la muerte. De esta manera la enunciación sigue como
proceso abierto, donde cada lector / observador participará como co-enunciador
de la obra con la cual establece una relación de interpretación.




Para profundizar en el
diálogo entre el texto original y la ilustración, aquí está un fragmento del
texto de Alejandra Pizarnik.
“ Había en Nüremberg un famoso autómata
llamado la "Virgen de Hierro". La condesa Báthory adquirió una
réplica para la sala de torturas de su castillo de Csejthe. Esta dama metálica
era del tamaño y del color de la criatura humana. Desnuda, maquillada,
enjoyada, con rubios cabellos que llegaban al suelo, un mecanismo permitía que
sus labios se abrieran en una sonrisa, que los ojos se movieran.
La condesa, sentada en su trono, contempla.
Para que la "Virgen" entre en acción es
preciso tocar algunas piedras preciosas de su collar. Responde inmediatamente
con horribles sonidos mecánicos y muy lentamente alza los blancos brazos para
que se cierren en perfecto abrazo sobre lo que esté cerca de ella --en este
caso una muchacha. La autómata la abraza y ya nadie podrá desanudar el cuerpo
vivo del cuerpo de hierro, ambos iguales en belleza. De pronto, los senos
maquillados de la dama de hierro se abren y aparecen cinco puñales que
atraviesan a su viviente compañera de largos cabellos sueltos como los suyos.
Ya consumado el sacrificio, se toca otra piedra del
collar: los brazos caen, la sonrisa se cierra así como los ojos, y la asesina
vuelve a ser la "Virgen" inmóvil en su féretro.
Esta escena me llevó a pensar en la Muerte
--la de las viejas alegorías; la protagonista de la Danza de la Muerte.
Desnudar es propio de la Muerte. También lo es la incesante contemplación de
las criaturas por ella desposeídas. Pero hay más: el desfallecimiento sexual
nos obliga a gestos y expresiones del morir (jadeos y estertores como de
agonía; lamentos y quejidos arrancados por el paroxismo). Si el acto sexual
implica una suerte de muerte, Erzébet Báthory necesitaba de la muerte visible,
elemental, grosera, para poder, a su vez, morir de esa muerte figurada que
viene a ser el orgasmo. Pero, ¿quién es la Muerte? Es la Dama que asola y
agosta cómo y dónde quiere. Sí, y además es una definición posible de la
condesa Báthory. Nunca nadie no quiso de tal modo envejecer, esto es: morir.
Por eso, tal vez, representaba y encarnaba a la Muerte. Porque, ¿cómo ha de
morir la Muerte?
Volvemos a las costureritas y a las sirvientas. Si
Erzébet amanecía irascible, no se conformaba con cuadros vivos, sino que:
A la que había robado una moneda le pagaba con la misma
moneda... enrojecida al fuego, que la niña debía apretar dentro de su mano.
A la que había conversado mucho en horas de trabajo, la
misma condesa le cosía la boca o, contrariamente, le abría la boca y tiraba
hasta que los labios se desgarraban.
También empleaba el atizador, con el que quemaba, al
azar, mejillas, senos, lenguas...
Cuando los castigos eran ejecutados en el aposento de
Erzébet, se hacía necesario, por la noche, esparcir grandes cantidades de
ceniza en derredor del lecho para que la noble dama atravesara sin dificultad las
vastas charcas de sangre.”
Alejandra Pizarnik, de La condesa sangrienta, 1971
Pero para comprender la enunciación desde
el punto de vista del enunciador, esto no es suficiente. Habría que buscar
referentes en la visión de A.P. Como por ejemplo, en sus pinturas y dibujos:
O en sus poemas:
Balada de la piedra que
llora
la muerte se muere de risa
pero la vida
se muere de llanto pero la
muerte pero la vida
pero nada nada nada
Fiesta en el vacío
Como el viento sin alas
encerrado en mis ojos
es la llamada de la muerte.
Sólo un ángel me enlazará
al sol.
Dónde el ángel,
dónde su palabra.
Oh perforar con vino la
suave necesidad de ser.
La única herida
¿Qué bestia caída de pasmo
se arrastra por mi sangre
y quiere salvarse?
He aquí lo difícil: caminar por las calles
y señalar el cielo o la
tierra.
Continuidad
No
nombrar las cosas por sus nombres. Las cosas tienen bordes dentados, vegetación
lujuriosa. Pero quién habla en la habitación llena de ojos. Quién dentellea con
una boca de papel. Nombres que vienen, sombras con máscaras. Cúrame del vacío
—dije. (La luz se amaba en mi oscuridad. Supe que no había cuando me encontré
diciendo: soy yo.) Cúrame —dije.
En la otra madrugada
Veo crecer hasta mis ojos
figuras de silencio y desesperadas. Escucho grises, densas voces en el antiguo
lugar del corazón.
Cold
in hand blues
y qué es lo que vas a
decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo
En este
contexto, la visión de la muerte como horizonte imperante se define como
destino. ¿ Cómo interviene en esta visión el lenguaje de la ilustración ?